Salome
Salome —Tu cuerpo es horrible. Es como el cuerpo de un leproso. Es como un muro blanqueado, en el que anidan áspides; como un muro enjalbegado, donde los escorpiones hicieron nido. Es como un sepulcro blanqueado lleno de cosas repulsivas. Espantoso es tu cuerpo, hediondo. Yo estoy prendada de tus guedejas, Jokanaan. Tu pelo es como racimos de uvas, como racimos de garnachas en los lagares de Edom. Tu pelo es como los cedros, los corpulentos cedros del LÃbano que brindan sombra a los leones y a los bandoleros. Las largas y negras noches, en que se oculta la luna y tiemblan las estrellas, no son tan negras como tus cabellos. El silencio de las selvas… Nada en el mundo es tan negro como tu pelo. ¡Déjame que toque ese pelo tuyo!
JOKANAAN:
—Atrás, hija de Sodoma. ¡No me toques! ¡No profanes el templo del Señor, mi Dios!
SALOMÉ: