Salome
Salome —¡Jokanaan! Estoy prendada de tu cuerpo, Jokanaan. Tu cuerpo es blanco como las azucenas del campo, nunca tocadas de la hoz. Tu cuerpo es blanco como la nieve en las montañas de Judea. Las rosas del jardÃn de la reina de Arabia no son tan blancas como tu cuerpo; ni las rosas del jardÃn de la reina de Arabia, ni los pies de la aurora en la cepeda, ni el seno de la luna sobre el mar, nada en el mundo es tan blanco como tu cuerpo. ¡Déjame que toque ese cuerpo tuyo!
JOKANAAN:
—¡Atrás, hija de Babilonia! Por mediación de la mujer vino el mal a este mundo. No me hables. No quiero oÃrte. Yo sólo escucho la voz del Señor, mi Dios.
SALOMÉ: