Teleny
Teleny Él, en persona, representaba en belleza y carácter esta música extasiante. Al escucharlo, yo me sentÃa hechizado; sin embargo, serÃa incapaz de decir si mi encantamiento provenÃa de la composición, de la ejecución o del artista como tal. En aquel mismo momento, empezaron a surgir delante de mà los más extraños cuadros. Primeramente, la Alhambra en toda la magnificencia de su arquitectura morisca, maravillosa sinfonÃa de piedras y ladrillos, tan similar a los arabescos de estas extrañas melodÃas de Bohemia. Poco a poco, un fuego devorador fue encendiéndose en mi pecho. Una lubricidad irresistible se iba apoderando de mÃ, y empezaba a sentir las mordeduras de un amor indomable y criminal. Empezaba a abrasarme con la lujuria ardiente de los hombres que viven en los climas tórridos; tenÃa sed de voluptuosidad, y hubiera querido apurar hasta la última gota aquella copa de filtro afrodisÃaco.
Pero, de pronto, la visión cambió. No era ya España, sino una tierra árida y desnuda; las arenas ardientes de Egipto, entre las cuales transcurre lentamente el agua del Nilo, allà donde el emperador Adriano, inconsolable, lloraba al amante tan ardientemente amado y para siempre jamás perdido. Sacudido por la música embriagadora, comenzaba a comprender lo que hasta entonces me habÃa parecido tan extraño: la pasión del poderoso monarca por el bello esclavo griego, por aquel AntÃnoo que murió por amor de su amo.