Teleny
Teleny —¡Tocado!
—Bueno, pues si no, en traje de ciclista; es un vestido que hace resaltar muy bien las formas.
—Bien… ¿y tú?
—Yo siempre me visto como tú. Ya los sabes.
La tarde en cuestión, un coche de alquiler nos condujo al taller del pintor, cuya entrada estaba, si no del todo a oscuras, al menos levemente iluminada. Teleny llamó a la puesta, dando tres golpes y, un instante después, el mismo Bryancourt salió a abrir.
Cualesquiera que fueran las manÃas del hijo del general, sus manera nunca dejaban de ser las de un perfecto caballero; su imponente fisonomÃa hubiera cuadrado perfectamente a la majestad de una gran rey; y su cortesÃa no tenÃa rival; poseÃa, en verdad, todas las ventajas externas que, según Sterne, inspiran el amor a primera vista.
Teleny lo detuvo cuando estaba a punto de introducirnos en la gran sala.
—Un momento —dijo—. ¿No podrÃa Camille echar previamente una ojeada a los componentes de tu harén? Ya sabes que es aún neófito en la secta de PrÃapo. Yo soy su primer amante.
—SÃ, lo sé —replicó Bryancourt, dando un suspiro—. Y debo decir, sinceramente, que podrÃas muy bien no ser el último.