Teleny
Teleny Cualquiera que fuera el sexo de aquella extraña criatura, «ella» o «él» llevaba traje largo tornasolado que, a plena luz, presentaba un color oro pálido, y entre las sombras adoptaba un tinte verde oscuro, con los guantes y las medias de seda hechos del mismo material que el traje, y tan estrechamente ceñidos a los brazos de redondeadas formas y a las piernas perfectamente torneadas, que toda su figura presentaba la firmeza de una estatua de bronce.
—Y aquella otra de la gargantilla y los broches negros, envuelta en un vestido de terciopelo azul, con la espalda y los brazos desnudos. ¿También esa hermosa mujer resulta ser un hombre?
—SÃ, un marqués italiano auténtico, como podrás comprobar por el escudo grabado en su abanico. Perteneciente además a una de las rancias familias romanas. Pero, ¡ea!, bajemos, que Bryancourt empieza a hacernos señas para que lo hagamos.
—¡No, no! —repliqué yo—. Es mejor que nos vayamos.
Y, sin embargo, aquel espectáculo me producÃa una excitación tal que, al igual que la mujer de Lot, me sentÃa como petrificado, sin poder separar de él los ojos.