Teleny

Teleny

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Al torcer la esquina, una visión inesperada me saltó a los ojos. El objeto de mi admiración sentimental se encontraba agachada sobre la arenilla de la alameda, con las piernas abiertas y las faldas cuidadosamente recogidas. Pude divisar un trozo de carne rosada y un torrente de líquido amarillo que corría sobre la arena, dejando un rastro de espuma, al tiempo que, para saludar mi presencia, de las partes traseras atronaba un sonoro cañonazo, igualmente despedido por la bella.

—¡Divino encuentro! ¿Y qué hizo usted, entonces?

—¿Ignora usted que, como dice el Libro de Oraciones[4], «siempre hacemos lo que no debiéramos hacer, y dejamos de hacer lo que debiéramos»? Pues bien, en lugar de esfumarme, escondiéndome detrás de un seto, para ver sin ser visto el lugar de donde el arroyo fluía, permanecí estúpidamente paralizado, mudo, confuso. Sólo cuando ella levantó los ojos pude recobrar mi uso de palabra.

—¡Oh, perdón, señorita! No sabía que estuviese usted ahí… es decir, que…

—Tonto, imbécil, estúpido, bestia, animal —vociferó ella con una liberalidad típicamente francesa, y levantándose roja como un tomate.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker