Un marido ideal
Un marido ideal MISTRESS CHEVELEY. ––¿SÃ? Lo he olvidado todo de mis dÃas de colegiala.Tengo la vaga impresión de que fueron detestables.
LADY CHI LTERN. –– (FrÃamente.) ¡No me sorprende!
MISTRESS CHEVELEY. –– (Con tono dulce.) ¿Sabe usted que me gustarÃa muchÃsimo conocer a su inteligente esposo, lady Chiltern? Desde que entró en el Ministerio de Asuntos Exteriores se habla mucho de él en Viena. Han llegado a escribir correctamente su nombre en los periódicos. Eso en el continente es un gran éxito.
LADY CHILTERN . ––¡No creo que haya nada de común entre usted y mi marido, mistress Cheveley!
(Se aleja de ella.)
VIZCONDE DE NANJAC. ––«Ah, chère madame, quelle surprise!» No la habÃa vuelto a ver desde BerlÃn.
MISTRESS CHEVELEY. ––Desde BerlÃn no, vizconde. ¡Desde hace cinco años!
VIZCONDE DE NANJAC. ––Y está usted más joven y más bella que nunca. ¿Cómo lo consigue?
MISTRESS CHEVELEY. ––Teniendo por costumbre hablar con gente encantadora como usted.
VIZCONDE DE NANJAC. ––¡Ah! Me adula. Me unta usted con manteca, como dicen aquÃ.
MISTRESS CHEVELEY. ––¿Eso dicen? ¡Qué horrible!