Un marido ideal
Un marido ideal Ojos de un gris verdoso, de mirada inquieta. Vestido color heliotropo, con diamantes. Parece algo asà co-mo una orquÃdea y atrae la curiosidad de cualquiera. Todos sus movimientos son extremadamente gracio-sos. Es una obra de arte, pero con influencias de demasiadas escuelas.) LADY MARKBY. ––¡Buenas noches, querida Gertrude! Ha sido muy amable al permitirme traer a mi amiga mistress Cheveley. ¡Dos mujeres tan encantadoras deben conocerse!
LADY CHILTERN. –– (Avanza hacia mistress Cheveley con una dulce sonrisa. De repente se detiene y la saluda muy frÃamente.). Creo que mistress Cheveley y yo nos hemos visto ya antes. No sabÃa que se habÃa casado por segunda vez.
LADY MARKBY. ––¡Ah! Hoy dÃa la gente se casa tan a menudo como puede, ¿no? Está muy de moda.
(A la duquesa de Maryborough.) Querida duquesa, ¿cómo está el duque? ¿Con el cerebro aún débil, supongo? Bueno, eso era de esperar, ¿verdad? Su buen padre era igual. No hay nada como la raza, ¿verdad?
MISTRESS CHEVELEY. –– (Jugueteando con su abanico.) Pero ¿nos hemos visto antes realmente, lady Chiltern? No puedo recordar dónde. He estado fuera de Inglaterra mucho tiempo.
LADY CHILTERN . ––Fuimos a la escuela junta, mistress Cheveley.