Un marido ideal
Un marido ideal MISTRESS CHEVELEY. ––¡Oh! Seguramente la providencia podrá resistir la tentación por esta vez.
(Le hace una señal para que le ayude a quitarse la capa, lo cual él hace.) LORD GORING. ––Me alegro de que haya venido. Voy a darle algunos buenos consejos.
MISTRESS CHEVELEY. ¡Oh! Le ruego que no lo haga. No se le debe dar a una mujer nada que no pueda llevar por la noche.
LORD GORING. ––Veo que es usted tan original como antes.
MISTREss CHEVELEY. ––¡Mucho más! He mejorado grandemente. Tengo más experiencia.
LORD GORING. ––La excesiva experiencia es una cosa peligrosa. Le ruego que tome este cigarrillo. La mitad de las mujeres de Londres fuman cigarrillos. Personalmente prefiero la otra mitad.
MISTRESS CHEVELEY. –– Gracias. Nunca fumo. A mi modista no le gustarÃa, y el primer deber en la vida de una mujer es tener contenta a su modista, ¿verdad? El segundo deber no lo ha descubierto nadie todavÃa.
LORD GORING. ––Ha venido usted aquà a venderme la carta de Robert Chiltern, ¿verdad?
MISTRESS CHEVELEY. ––¡A ofrecérsela bajo algunas condiciones! ¿Cómo lo ha adivinado?
LORD GORING. ––Porque usted no ha mencionado el asunto. ¿La tiene aqu�