Un marido ideal
Un marido ideal MISTRESS CHEVELEY. –– (Vuelve otra vez a apretar el brazalete en un paroxismo de rabia, emitiendo sonidos inarticulados. Se detiene al fin y mira a lord Goring.) ¿Qué va usted a hacer?
LORD GORING. ––Voy a llamar a mi criado. Es un cria do admirable. Siempre viene cuando se lo llama.
Cuando venga, le diré que avise a la policÃa.
MISTRESS CHEVELEY. –– (Temblando.) ¿A la policÃa? ¿Para qué?
LORD GORING. ––Mañana los Berkshire la perseguirán. Para eso es la policÃa.
MISTRESS CHEVELEY. –– (Ahora se encuentra en la agonÃa del terror fÃsico. Su rostro está alterado.
Su boca torcida. Se le ha caÃdo la máscara. Da miedo mirarla en este momento.) No haga eso. Haré lo que usted quiera.Todo lo que usted quiera.
LORD GORING. ––Déme la carta de Robert Chiltern.
MISTRESS CHEVELEY. ––¡Espere! ¡Un mo mento! Déme tiempo para pensar.
LORD GORING. ––Déme la carta de Robert Chiltern.
MISTRESS CHEVELEY. ––No la tengo aquÃ. Se la daré mañana.
LORD GORING. ––Sabe que está mintiendo. Démela inmediatamente. (Mistress Cheveley saca de la carta y se la da. Está terriblemente pálida.) ¿Es ésta?