Un marido ideal
Un marido ideal LORD CAVERSHAM. ––Te dejo hasta la hora de la cena, si te conviene.
LORD GORING. ––Muchas gracias, pero creo que lo haré antes del almuerzo.
LORD CAVERSHAM. ––¡Hum! Nunca sé cuándo hablas en serio o no.
LORD GORING. ––Ni yo, papá. (Una pausa.)
LORD CAVERSHAM. ––Supongo que habrás leÃdo el Times de esta mañana...
LORD GORING. ––¿El Times? Ciertamente que no. Solamente leo el Morning Post. Todo lo que uno deberÃa saber sobre la vida moderna es dónde están las duquesas; todo lo demás es muy desmoralizador.
LORD CAVERSHAM. ––¿Quieres decir que no has leÃdo el artÃculo de fondo del Times sobre la carrera de Robert Chiltern?
LORD GORING. ––¡Cielo santo! No. ¿Qué dice?
LORD CAVERSHAM. ––¿Qué va a decir, amiguito? Cosas buenas para él, naturalmente. El discurso de Chiltern anoche sobre el canal argentino fue una de las más hermosas piezas oratorias que se han dicho en la Cámara desde Canning.
LORD GORING. ––¡Ah! Nunca he oÃdo hablar de Canning. Ni lo necesito. ¿Y Chiltern... apoyó el proyecto?