Un marido ideal
Un marido ideal SIR ROBERT CHILTERN. ––Mi intención es retirarme inmediatamente de la vida pública.
LORD CAVERSHAM. ––¿Rechazar un puesto en el gabinete y retirarse de la vida pública? Nunca oà tan enorme tonterÃa en toda mi vida. Perdón, lady Chiltern. Perdón, Chiltern. (A lord Goring.) No te rÃas, jo-vencito.
LORD GORING. ––No, papá.
LORD CAVERSHAM. ––Lady Chiltern, usted es una mujer sensata, la más sensata de Londres, la más sensata que conozco. Supongo que evitará que su marido haga... eso que está diciendo; ¿verdad?
LADY CHILTERN. ––Creo que mi marido ha tomado una buena determinación, lord Caversham. Yo la apruebo.
LORD CAVERSHAM. ––¿La aprueba? ¡Cielo santo!
LADY CHILTERN. –– (Cogiendo la mano de su marido.) Lo admiro por eso. Lo admiro inmensamente.
Nunca lo he admirado tanto como ahora. Es mejor de lo que yo creÃa. (A sir Robert Chiltern.) Le escribirás una carta al primer ministro, ¿verdad? No vaciles en hacerlo, Robert.
SIR ROBERT CHILTERN. –– (Con un poco de amargura.) Supongo que lo mejor será escribir enseguida. Tales ofertas no se repiten. Excúseme un momento, lord Caversham.
LADY CHILTERN . ––¿Puedo ir contigo, Robert?
SIR ROBERT CHILTERN. ––SÃ, Gertrude. (Salen.)