Un marido ideal
Un marido ideal LORD GORING. ––¿Y tú?
SIR ROBERT CHILTERN. ––Recibà del barón ciento diez mil libras.
LORD GORING. ––ValÃas más, Robert.
SIR ROBERT CHILTERN. ––No; ese dinero me dio exactamente lo que querÃa: poder sobre los demás.
Entré inmediatamente en la Cámara. El barón me daba algún consejo financiero de cuando en cuando.A los cinco años casi habÃa triplicado mi fortuna. Desde entonces todo lo que emprendÃa era un éxito. En todos los asuntos relacio nados con el dinero tenÃa una suerte extraordinaria que a veces casi me asustaba. Recuerdo haber leÃdo en alguna parte, en algún libro extranjero, que cuando los dioses desean castigarnos atienden nuestros ruegos.
LORD GORING. ––Pero dime, Robert: ¿nunca sentiste lo que habÃas hecho?
SIR ROBERT CHILTERN . ––No. Pensé que habÃa combatido a mi siglo con sus propias armas y habÃa ganado.
LORD GORING. –– (Tristemente.) CreÃste que habÃas ganado.
SIR ROBERT CHILTERN. ––Lo creÃ. (Después de una larga pausa.) Arthur, ¿me desprecias por lo que te he contado?