Un marido ideal
Un marido ideal LORD GORING. ––SÃ.
SIR ROBERT CHILTERN. ––¿La conocÃas mucho?
LORD GORING. –– (Arreglándose la corbata.) Tan poco, que me comprometà a casarme con ella una vez cuando estuve en casa de los Tenbys. La cosa duró unos tres dÃas.
SIR ROBERT CHILTERN. ––¿Por qué rompisteis?
LORD GORING. ––(Alegremente.) ¡Oh! Lo he olvidado. Al menos no tiene importancia. A propósito,
¿has intentado ofrecerle dinero? SolÃa gustarle enormemente.
SIR ROBERT CHILTERN. ––Le ofrecà el que quisiera. Lo rechazó.
LORD GORING. ––Entonces el maravilloso evangelio del oro a veces no resulta. El rico no lo puede to-do, al fin y al cabo.
SIR ROBERT CHILTERN. ––No. Supongo que tienes razón. Arthur, temo no poder evitar la desgracia que se cierne sobre mÃ. Estoy seguro de que no podré. Nunca supe lo que era el terror. Ahora lo sé. Es co-mo una mano de hielo que oprime el corazón. Es como si el corazón latiese para morir en un horrible vacÃo.
LORD GORING . ––(Golpeando la mesa.) Robert, tienes que luchar, tienes que luchar.
SIR ROBERT CHILTERN. ––Pero ¿cómo?