Un marido ideal
Un marido ideal LORD GORING. ––De momento, no lo sé. No tengo ni la más pequeña idea. Pero todo el mundo tiene un punto débil. Hay un fallo en cada uno de nosotros. (Va hacia la chimenea y se mira al es pejo.) Mi padre dice que yo tengo defectos. Quizá los tenga. No lo sé.
SIR ROBERT CHILTERN . ––Al defenderme de mistress Cheveley tengo derecho a utilizar cualquier arma, ¿verdad?
LORD GORING. ––(Mirándose aún en el espejo.) En tu lugar yo no tendrÃa ningún escrúpulo en hacer eso. Ella es perfectamente capaz de cuidar de sà misma.
SIR ROBERT CHILTERN. –– (Se sienta junto a la mesa y coge una pluma.) Bien; enviaré un cable ci-frado a la Embajada de Viena preguntando si allà se sabe algo contra ella. Puede haber algún escándalo secreto en el que haya estado mezclada.
LORD GORING. ––(Arreglándose la flor del ojal.) ¡Oh! Imagino que mistress Cheveley es una de esas mujeres muy modernas de nuestro tiempo que creen que un nuevo escándalo les sienta tan bien como un nuevo sombrero y airean ambas cosas por el parque todas las tardes a las cinco y media. Estoy seguro de que ella adora los escándalos y que actualmente su pesar es no poder tener los suficientes.
SIR ROBERT CHILTERN. ––(Escribiendo.) ¿Por qué dices eso?