Un marido ideal
Un marido ideal LORD GORING. ––(Volviéndose.) Bien; porque ella lleva ba anoche demasiado «rouge» y casi nada de ropa. Eso siempre es una señal de desesperación en una mujer.
SIR ROBERT CHILTERN. –– (Tocando el timbre.) Pero merece la pena escribir a Viena, ¿no?
LORD GORING. ––Siempre merece la pena hacer una pregunta, aunque no siempre merece la pena con-testarla. (Entra Mason.)
SIR ROBERT CHILTERN. ––¿Está mÃster Trafford en su habitación?
MASON. ––SÃ, sir Robert.
SIR ROBERT CHILTERN. –– (Mete la carta en un sobre, el cual cierra cuidadosamente.) DÃgale que ci-fre esto inmediatamente. No debe perder tiempo.
MASON. ––SÃ, sir Robert.
SIR ROBERT CHILTERN. ––¡Oh! Démelo un momento. (Escribe algo en el sobre. Mason sale con la carta.) Ella debe de haber tenido alguna extraña influencia sobre el barón Arnheim. Me pregunto cuál serÃa.
LORD GORING. ––(Sonriendo.) Yo también.
SIR ROBERT CHILTERN. ––Lucharé con ella hasta la muerte, mientras mi mujer no sepa nada.
LORD GORING. ––¡Oh! Lucha de todas formas... Lucha hasta el fin.