Un marido ideal
Un marido ideal MISTRESS CHEVELEY. –– El arte de vivir. La única de las bellas artes que hemos producido en los tiempos mo dernos.
LADY MARKBY. –– (Moviendo la cabeza.) ¡Ah! Temo que lord Brancaster sabe mucho de eso. Más de lo que ha sabido nunca su pobre esposa. (Volviéndose a lady Chiltern.) Conoce usted a lady Brancaster,
¿verdad, querida?
LADY CHILTERN . ––Ligera mente. Estaba en Langton el otoño pasado cuando fuimos nosotros allÃ.
LADY MARKBY. ––Bien; como todas las mujeres gruesas, parece el vivo retrato de la felicidad, como habrá usted notado. Pero hay muchas tragedias en su familia, además de ese asunto del clérigo. Su misma hermana, mistress Jekyll *, lleva la vida más desgraciada, y no a causa de ella últimamente estaba tan triste que entró en un convento o en los escenarios, no lo recuerdo exactamente. No; creo que se dedicó a hacer labores decorativas de aguja. Lo que sé es que perdió todo el sentido del placer en la vida. (Se levanta.) Y
ahora, Gertrude, si me lo permite, dejaré a mis tress Cheveley a cargo suyo y volveré dentro de un cuarto de hora. O quizá a la querida mistress Cheveley no le importase esperarme en el coche mientras estoy con lady Brancaster. Como es una visita de pésame, no estaré mucho tiempo.