Una Casa de granadas
Una Casa de granadas —¿Qué necesitas? ¿Qué necesitas? —gritó, mientras él subía la pendiente jadeante, y se inclinaba ante ella¿Peces para tu red, cuando el viento es insoportable? Tengo un pequeño caramillo hecho con una caña, y cuando lo toco los salmonetes vienen nadando á la bahía. Pero tiene un precio, hermoso muchacho, tiene un precio. ¿Qué necesitas? ¿Qué necesitas? ¿Una tormenta que haga zozobrar los barcos y arrastre a la playa los cofres de ricos tesoros? Yo tengo más tormentas de las que tiene el viento, pues sirvo a uno que es más fuerte que el viento, y con un cedazo y un cubo de agua puedo enviar a las grandes galeras al fondo del mar. Pero tengo un precio, hermoso muchacho, tengo un precio. ¿Qué necesitas? ¿Qué necesitas? Conozco una flor que crece en el valle, y nadie la conoce más que yo. Tiene hojas de púrpura y una estrella en el corazón, y su jugo es tan blanco como la leche. Si tocaras con esa flor los labios endurecidos de la reina, te seguiría por todo el mundo. Del lecho del rey se levantaría y saldría, y por el mundo entero te seguiría. Y tiene un precio, hermoso muchacho, tiene un precio. ¿Qué necesitas? ¿Qué necesitas? Puedo machacar un sapo en un mortero, y hacer caldo con él, y dar vueltas al caldo con la mano de un hombre muerto. Rocía con ello a tu enemigo mientras duerme, y se convertirá en víbora negra, y su propia madre le matará. Con una rueda puedo arrastrar la luna del firmamento, y en un cristal puedo mostrarte a la muerte. ¿Qué necesitas? ¿Qué necesitas? Dime tu deseo, y yo te lo concederé; y tú me pagarás un precio, hermoso muchacho, me pagarás un precio.