Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia GERALD.––Mamá, no sabÃa que me querÃas tanto. Y seré un hijo mejor de lo que he sido.Y tú y yo nunca debemos separarnos... Pero, mamá... No lo puedo evitar... Debes ser la esposa de mi padre. Debes casarte con él. Es tu deber.
HESTER. ––(Adelantándose y abrazando a mistressArbuhnot.) No, no; no lo hará usted. Eso serÃa un verdadero deshonor, el primero que hubiese usted conocido. SerÃa una verdadera desgracia, la primera que padecerÃa. Déjele y venga conmigo. Hay otros paÃses además de Inglaterra... ¡Oh! Otros paÃses tras el océano que son mejores, más buenos y menos injustos. El mundo es muy ancho y extenso.
MISTRESS ARBUTHNOT.––Pero no para mÃ. Para mà es como la palma de la mano, y por donde yo ando hay espinas.
HESTER.––No será asÃ. En algún sitio encontraremos verdes campiñas y agua fresca, y si tenemos que llorar, lloraremos juntas. ¿No lo amamos las dos?
GERALD.––¡Hester!
HESTER. ––(Rechazándolo.) ¡No, no! No puede amarme a mà si no la ama también a ella. No puede honrarme a mà si a ella no la cree una santa. En ella han sufrido martirio todas las mujeres. No es ella sola, sino todas nosotras las que nos sentimos destrozadas en ella.
GERALD.––Hester, Hester, ¿qué debo hacer?
HESTER.––¿Respeta al hombre que es su padre?