Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia MISTRESS ARBUTHNOT.––SÃ.
LORD ILLINGWORTH.––¿Y mi hijo me odia como tú?
MISTRESS ARBUTHNOT.––No.
LORD ILLINGWORTH.––Me alegro de oÃr eso, Rachel.
MISTRESS ARBUTHNOT.––Simplemente, te desprecia.
LORD ILLINGWORTH.––¡Qué lástima! Qué lástima para él, quiero decir.
MISTRESS ARBUTHNOT.––Los hijos empiezan por amar a sus padres. Después los juzgan. Raramente los perdonan.
LORD ILLINGWORTH.–– (Lee la carta otra vez muy lentamente.) ¿Puedo preguntarte qué argumentos has usado para hacer que el muchacho que ha escrito esta carta, esta bella y apasionada carta, dejase de creer que debÃas casarte con su padre, con el padre de tu hijo?
MISTRESS ARBUTHNOT.––No he sido yo la que lo ha convertido. Ha sido otra.
LORD ILLINGWORTH.––¿Y quién es esa criatura «fin de siécle»?
MISTRESS ARBUTHNOT.––La puritana.