Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia LADY STUTFIELD.––Pero la gente a la que debe el dinero, ¿no le causa grandes molestias? (Entra el criado.)
LORD ALFRED.––¡Oh, no! Ellos escriben; yo no.
LADY STUTFIELD.––¡Qué extraño, qué extraño!
LADY HUNSTANTON.––¡Ah, Caroline! Aquà está la carta de la querida mistress Arbuthnot. No vendrá a cenar. Lo siento. Pero vendrá después. Me alegro muchÃsimo. Es una de las mujeres más dulces. Tiene una bella letra, tan grande, tan firme. (Le tiende la carta a lady Caroline.) LADY CAROLINE.–– (La mira.) Le falta feminidad, Jane. La feminidad es la cualidad que yo admiro más en la mujer.
LADY HUNSTANTON.–– (Cogiendo la carta y dejándola sobre la mesa.) ¡Oh! Es muy femenina, Caroline, y muy buena. DeberÃas oÃr lo que dice de ella el archidiácono. Es su mano derecha en la parroquia. (El criado le dice algo.) En el salón amarillo. ¿Vamos todos adentro? Lady Stutfield, ¿vamos a tomar el té?
LADY STUTFIELD.––Encantada, lady Hunstanton. (Se levantan todos para irse. Sir John se ofrece a llevarle la capa a lady Stutfield.)
LADY CAROLINE.––John! Si permitieses a tu sobrino que llevara la capa de lady Stutfield, tú podrÃas llevar mi cesto de costura. (Entran Lord Illingworth y mistress Allonby.) SIR JOHN.––Desde luego, amor mÃo. (Salen.)