Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia LORD ILLINGWORTH.––Mi querido muchacho, si no me agradara usted, no le habrÃa hecho esa oferta.
Es porque me agrada mucho por lo que quiero tenerlo conmigo. (Salen Hester y Gerald.) ¡Un muchacho encantador Gerald Arbuthnot!
MISTRESS ALLONBY.––Es muy agradable, muy agradable. Pero no puedo soportar a la joven americana.
LORD ILLINGWORTH.––¿Por qué?
MISTRESS ALLONBY.––Me dijo ayer en voz alta que tenÃa dieciocho años. Fue muy molesto.
LORD ILLINGWORTH.––No deberÃa permitÃrsele a una mujer que dijese su verdadera edad. Una mujer que dijese eso serÃa capaz de decirlo todo.
MISTRESS ALLONBY.––Además es una puritana...
LORD ILLINGWORTH.––¡Ah! Eso es inexcusable. No me importa que las mujeres feas sean puritanas.
Es la única excusa que tienen para ser feas. Pero ella es muy bonita. La admiro enormemente. (Mira fijamente a mistress Allonby.)
MISTRESS ALLONBY.––¡Qué hombre tan malo debe de ser usted!
LORD ILLINGWORTH.––¿A qué le llama usted ser hombre malo?
MISTRESS ALLONBY.––Al que admira la inocencia.
LORD ILLINGWORTH.––¿Y una mujer mala?
MISTRESS ALLONBY.––¡Oh! La clase de mujer de la que nunca se cansa un hombre.