Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia MISTRESS ALLONBY.––¡Entonces es mejor que no la bese!
LORD ILLINGWORTH.––¿Eso es un reto?
MISTRESS ALLONBY.––Es una flecha lanzada al aire.
LORD ILLINGWORTH.––¿No sabe usted que yo siempre consigo lo que quiero?
MISTRESS ALLONBY.––Siento oÃr eso. Las mujeres adoramos los fracasos.Asà los hombres se apoyan en nosotras.
LORD ILLINGWORTH.––Ustedes adoran el éxito. Se agarran a él.
MISTRESS ALLONBY.––Somos los laureles que ocultan su calvicie.
LORD ILLINGWORTH.––Y nosotros siempre las necesitamos, excepto en el momento del triunfo.
MISTRESS ALLONBY.––Entonces pierden ustedes todo interés.
LORD ILLINGWORTH.––Es usted un suplicio. (Una pausa.)
MISTRESS ALLONBY.––Lord Illingworth, hay una cosa por la que siempre me ha gustado usted.
LORD ILLINGWORTH.––¿Sólo una cosa? ¡Y yo que tengo tantos defectos!
MISTRESS ALLONBY.––¡Oh! No se vanaglorie de ellos. Puede perderlos cuando se haga viejo.