Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia LORD ILLINGWORTH.––DÃgale a la señora que ya vamos.
FRANCIS.––SÃ, milord. (Sale.)
LORD ILLINGWORTH.––¿Vamos a tomar el té?
MISTRESS ALLONBY.––¿Le gustan los placeres sencillos?
LORD ILLINGWORTH.––Los adoro. Son el último refugio de lo complejo. Pero, si lo desea, nos quedamos aquÃ. SÃ, quedémonos aquÃ. El libro de la vida empieza con un hombre y una mujer en un jardÃn.
MISTRESS ALLONBY.––Y acaba con el Apocalipsis.
LORD ILLINGWORTH.––Se defiende usted divinamente. Pero se ha caÃdo el botón de su florete.
MISTRESS ALLONBY.––Pero todavÃa tengo la careta.
LORD ILLINGWORTH.––Hace sus ojos más hermosos.
MISTRESS ALLONBY.––Gracias.Vamos.
LORD ILLINGWORTH.–– (Ve la carta de mistress Arbuthnot sobre la mesa, la coge y mira el sobre.)
¡Qué letra tan curiosa! Me recuerda la de una mujer que conocà hace años.
MISTRESS ALLONBY.––¿Quien?
LORD ILLINGWORTH.––¡Oh! Nadie. Nadie en particular. Una mujer sin importancia. (Deja la carta y sube las escaleras de la terraza con mistress Allonby. Se sonrÃen uno a otro.) TELÓN