Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia LADY CAROLINE.–– (Coge el café de manos de un criado.) ¡Qué cantidad de tonterÃas sobre los hombres! Lo que hay que hacer es mantener a los hombres en su lugar.
MISTRESS ALLONBY.––Pero ¿cuál es su lugar, lady Caroline?
LADY CAROLINE.––Tienen que cuidar de sus esposas, mistress Allonby.
MISTRESS ALLONBY.–– (Cogiendo el café que le da un criado.) ¿De veras? ¿Y si no están casados?
LADY CAROLINE.––Si no están casados, deberÃan buscar esposa. Es escandalosa la cantidad de solteros que hay en sociedad. DeberÃa haber una ley que los obligase a casarse en una año como mucho.
LADY STUTFIELD.–– (Rechaza su café.) Pero ¿si están enamorados de una mujer ligada a otro hombre?
LADY CAROLINE.––En ese caso, lady Stutfield, deberÃan casarse en menos de una semana con una fea y respetable muchacha que les enseñase a no desear las propiedades ajenas.
MISTRESS ALLONBY.––No creo que debamos hablar de nosotras como si fuésemos propiedad de otros. Todos los hombres casados son propiedad de la mujer. Ésa es la única definición de lo que es realmente la propiedad de la mujer casada. Pero nosotras no pertenecemos a nadie.