Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia LADY STUTFIELD.––Gracias, gracias. Ha sido algo muy bueno. Debo intentar recordarlo. Hay gran número de detalles que son muy, muy importantes.
LADY CAROLINE.––Pero no nos ha dicho todavÃa cuál serÃa la recompensa del hombre ideal.
MISTRESS ALLONBY.––¿Su recompensa? ¡Oh! Una espera infinta. Eso es bastante para él.
LADY STUTFIELD.––Pero los hombres son terriblemente exigentes, ¿verdad?
MISTRESS ALLONBY.––Eso no importa. Una no debe nunca rendirse.
LADY STUTRELD.––¿Ni aun ante el hombre ideal?
MISTRESS ALLONBY.––Ciertamente que no. A menos, naturalmente, que una quiera cansarse de él.
LADY STUTRELD.––¡Ah!... SÃ. Ya comprendo. ¿Cree usted, mistress Allonby, que encontraré el hombre ideal? ¿O no hay más que uno?
MISTRESS ALLONBY.––En Londres hay exactamente cuatro, lady Stutfield.
LADY HUNSTANTON.––¡Oh querida!
MISTRESS ALLONBY.–– (Yendo hacia ella.) ¿Qué ha ocurrido? DÃgame.
LADY HUNSTANTON.–– (En voz baja.) HabÃa olvidado por completo que la joven americana estaba en la habitación.Temo que su interesante charla le haya chocado un poco.