Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia HESTER.–– (En pie, junto a la mesa.) Estamos intentando construir la vida, lady Hunstanton, sobre una base mejor, más verdadera, más pura, que la base sobre la que aquà descansa. No hay duda de que esto les extrañará. ¿Cómo no podÃa extrañarles? Ustedes, la gente rica de Inglaterra, no saben cómo viven. ¿Cómo lo van a saber? Han cerrado la sociedad para los buenos. Se rÃen del ser sencillo y puro. Viviendo, como lo hacen ustedes, por encima de los demás, se burlan del sacrificio y si arrojan pan al pobre es para tenerlo tranquilo una temporada. Con toda su fastuosidad, su fortuna y su arte, no saben cómo viven... No saben ni siquiera eso. Aman la belleza que pueden ver, tocar y sujetar, la belleza que pueden destruir y que destruyen, pero la belleza invisible de la vida, la belleza de la vida elevada, no la conocen en absoluto. Han perdido el secreto de la vida. ¡Oh! Su sociedad inglesa me parece egoÃsta y tonta. Se ha cegado los ojos y se ha tapado los oÃdos.Yace entre púrpura, pero como un leproso. Es como algo muerto pintado con oro. ¡Es errónea, completamente errónea!
LADY STUTFIELD.––No creo que deban saberse esas cosas. No son muy, muy bonitas, ¿verdad?
LADY HUNSTANTON.––Mi querida miss Worsley, pensé que le gustaba mucho la sociedad inglesa.