Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia MISTRESS ARBUTHNOT.––George, no me quites a mi hijo. He pasado veinte años de dolor y sólo he tenido una persona que me amaba y a la que yo amaba. Tú has llevado una vida de alegrÃas, placeres y éxitos. Has sido completamente feliz; nunca has pensado en nosotros. No habÃa razón, de acuerdo con tus puntos de vista sobre la vida, para que nos recordases. Nos encontraste por simple casualidad, por una horrible casualidad. OlvÃdalo. No vengas ahora a robarme... lo único que tengo en el mundo. Eres rico en otras cosas. Déjame la pequeña viña de mi vida; déjame el jardÃn vallado y el manantial de agua; el cordero que Dios me envió en su piedad o en su ira. ¡Oh! Déjame eso. George, no me arrebates a Gerald.
LORD ILLINGWORTH.––Rachel, ahora tú no eres necesaria para la carrera de Gerald. Yo sÃ. No hay nada más que decir sobre el tema.
MISTRESS ARBUTHNOT.––No lo dejaré ir.
LORD ILLINGWORTH.––Aquà está Gerald. Tiene derecho a decidir por sà mismo. (Entra Gerald.) GERALD.––Bien, mamá, espero que ya lo habrás arreglado todo con Lord Illingworth.
MISTRESS ARBUTHNOT.––No, Gerald.
LORD ILLINGWORTH.––A su madre parece no gustarle que venga usted conmigo, por alguna razón.
GERALD.––¿Por qué, mamá?