Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia MISTRESS ARBUTHNOT.––Creà que eras completamente feliz conmigo, Gerald. No sabÃa que estabas ansioso por dejarme.
GERALD.––Mamá, ¿cómo puedes decir eso? Naturalmente que he sido completamente feliz contigo.
Pero un hombre no puede permanecer siempre con su madre. Ningún muchacho lo hace. Quiero crearme una posición, hacer algo. Pensé que estarÃas orgullosa de verme de secretario de Lord Illingworth.
MISTRESS ARBUTHNOT.––No creo que fueras el secretario adecuado para Lord Illingworth. No tienes facultades para eso.
LORD ILLINGWORTH.––No deseo que parezca que quiero entrometerme, mistress Arbuthnot, pero en lo que concierne a su última objeción, seguramente soy yo el mejor juez. Y puedo decir que su hijo tiene todas las facultades que yo necesito. Tiene más, en realidad, de las que habÃa pensado. Muchas más.
(Mistress Arburthnot permanece en silencio.) ¿Tiene alguna otra razón, mistress Arbuthnot, para no desear que su hijo acepte este puesto?
GERALD.––¿La tienes mamá? Contesta.
LORD ILLINGWORTH.––Si la tiene, mistress Arbuthnot, le ruego que la diga. Estamos solos aquÃ. Sea cual fuere la razón, no necesito decirle que no la contaré a nadie.
GERALD.––¿Mamá?