Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia ¡Ah! Querida mistress Arbuthnot, únase a nosotros.Venga, querida. (Entra mistress Arbuthnot.) Gerald ha tenido una larga conversación con Lord Illingworth; estoy segura de que está muy contenta del magnífico porvenir que se le presente a su hijo. Sentémonos. (Se sientan.) ¿Y cómo va su bello bordado?
MISTRESS ARBUTHNOT.––Siempre estoy trabajando, lady Hunstanton.
LADY HUNSTANTON.––Mistress Daubeny también borda un poco, ¿verdad?
EL ARCHIDIÁCONO.––Antes era como una Dorcas manejando la aguja. Pero la gota ha paralizado mucho sus dedos. No toca una aguja desde hace nueve o diez años. Pero tiene muchos otros entretenimientos. Está muy interesada con su salud.
LADY HUNSTANTON.––¡Ah! Eso es siempre una buena distracción, ¿verdad? Y ahora, Lord Ilhngworth, díganos de qué estaban hablando.
LORD ILLINGWORTH.––En este momento iba a explicarle a Gerald que el mundo se ríe siempre de sus tragedias, porque es de la única forma que es capaz de soportarlas.Y como consecuencia, lo que el mundo ha tratado seriamente pertenece al lado cómico de las cosas.