Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia LORD ILLINGWORTH.––Todo pensamiento es inmoral. Su esencia es la destrucción. Si piensa usted algo, lo mata. Nada sobrevive después de pensar en ello.
LADY HUNSTANTON.––No entiendo una palabra, Lord Ilhngworth, pero no hay duda de que está en lo cierto. Personalmente, no puedo discutir con usted sobre el pensamiento. No creo que las mujeres piensen demasiado. Las mujeres deberÃan pensar con moderación, deberÃan hacerlo todo con moderación.
LORD ILLINGWORTH.––La moderación es una cosa fatal, lady Hunstanton. No hay nada como el exceso.
LADY HUNSTANTON.––Espero que recordaré eso. Parece una admirable máxima. Pero estoy empezando a olvidarlo todo. Es una gran desgracia.
LORD ILLINGWORTH.––Esa es una de sus más fascinantes cualidades, lady Hunstanton. Ninguna mujer deberÃa tener memoria. La memoria en una mujer es el principio de la dejadez. Por el sombrero de una mujer puede adivinarse si tiene memoria o no.
LADY HUNSTANTON.––¡Qué encantador es usted, querido Lord Illingworth! Usted siempre descubre en un gran defecto una importante virtud. Tiene los más consoladores puntos de vista sobre la vida. (Entra Farquar)
FARQUAR.––¡El coche del doctor Daubeny!
LADY HUNSTANTON. ¡Mi querido archidiácono! Son sólo las diez y media.