Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia EL ARCHIDIÁCONO. ––(Levantándose.) Siento tener que irme, lady Hunstanton. Los martes mistress Daubeny siempre pasa una mala noche.
LADY HUNSTANTON.–– (Levantándose.) Bien; no quiero apartarlo de ella. (Va con él hacia la puerta.) Le he dicho a Farquar que pusiera un par de perdices en el coche. Pueden gustarle a mistress Daubeny.
EL ARCHIDIÁCONO.––Es usted muy amable, pero ahora mistress Daubeny no prueba los alimentos sólidos.Vive enteramente de purés. Pero siempre está maravillosamente alegre. No tiene nada de qué quejarse. (Sale con lady Hunstanton.)
MISTRESS ALLONBY.–– (Yendo hacia Lord Illingworth.) Esta noche hay una hermosa luna.
LORD ILLINGWORTH.––Vayamos a contemplarla. Hoy día es encantador contemplar algo que no es constante. MISTRESS ALLONBY.––Tiene usted su espejo.
LORD ILLINGWORTH.––Es malo. Sólo me muestra mis arrugas.
MISTRESS ALLONBY.––El mío es mejor. Nunca me dice la verdad.
LORD ILLINGWORTH.––Entonces está enamorado de usted. (Salen sir John, lady Stufield, mister Kelvíl y lord Alfred.)
GERALD.–– (A Lord Illingworth.) ¿Puedo yo ir también?