Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia GERALD.––Ya no tengo la intención de ser el secretario de Lord Ilbngworth.
LADY HUNSTANTON.––¡Cómo! ¡Gerald! Seria una enorme tonterÃa por su parte. ¿Qué razón tiene para eso?
GERALD.––No creo ser apropiado para el puesto.
MISTRESS ALLONBY.––DesearÃa que Lord Illingworth me pidiese que fuera su secretaria. Pero él dice que no soy lo bastante seria.
LADY HUNSTANTON.––Querida, no debe hablar asà en esta casa. Mistress Arbuthnot no sabe nada sobre la sociedad perversa en que nosotros vivimos. No quiere entrar en ella. Es demasiado buena.
Consideré un gran honor que viniese a mi casa anoche. Le dio una atmósfera de respetabilidad a la reunión.
MISTRESS ALLONBY.––¡Ah! Eso debe haber sido lo que usted creyó que eran truenos.
LADY HUNSTANTON.––Querida, ¿cómo puede decir eso? No hay relación alguna entre ambas cosas.
Pero realmente, Gerald, ¿qué entiende usted por no ser apropiado?
GERALD.––Las ideas de Lord Illingworth sobre la vida son demasiado diferentes de las mÃas.
LADY HUNSTANTON.––Pero, mi querido Gerald, a su edad no deberÃa usted tener ideas sobre la vida.