Cuentos completos
Cuentos completos Miranda dormía en el huerto, ¿estaba dormida o no? El vestido púrpura se extendía entre los dos manzanos. Había veinticuatro manzanos en el huerto; algunos algo inclinados, otros crecían rectos; los troncos se abrían en ramas y formaban redondos frutos rojos o amarillos. Cada manzano tenía suficiente espacio. El cielo encajaba a la perfección con las hojas. Cuando el viento soplaba, la línea de ramas junto a la pared se inclinaba apenas y luego regresaba. Una lavandera volaba en diagonal de un rincón a otro; un tordo se acercaba saltando cuidadosamente a una manzana caída; desde la otra pared un gorrión voló al ras del césped. Estos movimientos contenían el ascenso de los árboles; los muros del huerto lo compactaban todo. Kilómetros más abajo la tierra yacía apiñada, revolviéndose en la superficie por el aire agitado; y al otro lado del huerto una línea púrpura rajaba el azul verdoso. Al cambiar el viento una rama cargada de manzanas salió volando tan alto que tapó a las dos vacas en la pradera («¡Oh, llegaré tarde al té!», gimió Miranda), y las manzanas volvieron a colgar rectas por encima del muro.