Cuentos completos
Cuentos completos Pero entonces, ¿cómo puede uno sorprenderse si, tumbada en la cama, no puede mantener los ojos cerrados? —algo irresistible hacÃa que los abriera— ¿si en la tenue oscuridad, la silla y la cómoda parecen majestuosas y el espejo tan precioso con ese ligero tinte de amanecer? Con el pulgar en la boca como un niño (cumplió diecinueve en noviembre), yace en este buen mundo, en este nuevo mundo, este mundo al final del túnel, hasta que el deseo de verlo o anticiparse la impulsó a quitarse la sábana de encima y caminar hasta la ventana; y allÃ, contemplar el jardÃn donde estaba la niebla, todas las ventanas abiertas, un azul furioso, un murmullo a la distancia, el mundo desde luego, y la mañana que se acercaba.
—Oh —exclamó como con pesar.