Cuentos completos
Cuentos completos No habría que colgar espejos en las habitaciones, de la misma manera que no habría que dejar una chequera abierta a la vista o conservar cartas en las que se confiese un horrible crimen. Esa tarde de verano no podía dejar de mirar el largo espejo que colgaba en el pasillo. La casualidad lo había dispuesto así. Desde las profundidades del sofá en la sala de estar se podía ver reflejado en el espejo italiano no sólo la mesa con tablero de mármol ubicada enfrente sino un fragmento del jardín: el camino de césped crecido entre filas de altas flores hasta que el marco dorado lo cortaba.