Cuentos completos
Cuentos completos Allí estaban sobre la mesa con tablero de mármol, empapadas de luz y color, en estado natural. Y era extraño ver cómo se acomodaban, se ordenaban, hasta formar parte de la imagen, garantizándose la quietud y la inmortalidad que confería el espejo. Allí estaban, investidas de una nueva realidad y un nuevo sentido, y con más peso también, como si se hubiera necesitado un cincel para removerlas luego de la mesa. Ilusión o no, parecían haberse transformado no en un mero puñado de cartas corrientes sino en tablas grabadas con la verdad eterna. De haberlas podido leer, habría averiguado todo lo que podía saberse de Isabella, sí, y de la vida también. Las páginas dentro de esos sobres que parecían de mármol debían estar talladas y grabadas con verdadero sentido. Isabella entraría, las tomaría una por una, muy despacio, y las abriría. Las leería cuidadosamente, palabra por palabra, y después, con un profundo suspiro de comprensión, como si hubiera visto el trasfondo de las cosas, rompería los sobres en pedazos pequeños, ataría las cartas y pondría llave al armario, decidida a ocultar lo que no quería que se supiera.