Cuentos completos
Cuentos completos —Fue un dÃa como hoy, ¿recuerdas? —dijo la señorita Rashleigh con el vaso en la mano—. Lo trajeron a casa con una bala en el corazón. Una zarza dijeron. Tropezó. Tropezó; el pie le quedó atascado… —se rio entre dientes mientras tragaba.
—Y John… —dijo la señorita Antonia—. La yegua pisó un pozo, dijeron. Murió en el campo. La partida le pasó por encima. También lo trajeron a casa, en parihuelas.
Bebieron otra vez.
—¿Recuerdas a Lily? —dijo la señorita Rashleigh—. Un mal bicho —sacudió la cabeza—. Llevaba una borla roja en la fusta.
—¡El corazón podrido! —gritó la señorita Antonia.
—Recuerdo la carta del Coronel. «Tu hijo cabalgaba como poseÃdo por veinte demonios, al frente de sus hombres». Después un demonio blanco… ¡Jajaja! Bebió otra vez.
—Los hombres de esta casa… —comenzó la señorita Rashleigh. Levantó el vaso. Lo sostuvo en lo alto como si brindara por la sirena tallada en yeso sobre la chimenea. Hizo una pausa. Las escopetas ladraban. Algo se quebró bajo la madera. ¿O fue una rata corriendo detrás del yeso?