Cuentos completos
Cuentos completos El tren redujo la velocidad. Las lámparas se encendieron. Se atenuaron. Se encendieron otra vez mientras el tren entraba en la estación. ¿Y los ojos en el rincón? Estaban cerrados. Quizás la luz era demasiado intensa. Y desde luego, bajo la plena luz de la estación, era una mujer común y corriente, adulta, que viajaba a Londres a hacer algo común y corriente, algo relacionado a un gato, o un caballo o un perro. Se levantó y tomó la maleta y los faisanes del portaequipaje. ¿Pero, de todos modos, al abrir la puerta del compartimento y salir no murmuró «chk, chk»?