Cuentos completos
Cuentos completos AsÃ, al regresar de la luna de miel, tenÃan un mundo privado, habitado enteramente por conejos, excepto por la liebre blanca. Nadie sospechaba de la existencia de un mundo semejante y eso, desde luego, lo hacÃa más divertido. Los hacÃa sentir, incluso —más que a la mayorÃa de las parejas recién casadas— unidos contra el resto del mundo. A menudo se miraban cómplices cuando otras personas hablaban de conejos y bosques, y trampas y cacerÃas. O se guiñaban disimuladamente el ojo cuando la tÃa Mary decÃa que no podÃa soportar ver una liebre en un plato (parecÃan bebés). O cuando John, el hermano deportista de Ernest, comentaba los precios que estaban alcanzando los conejos ese otoño en Wiltshire, con la piel y todo. A veces, cuando necesitaban un guarda, un pescador o un señor feudal se divertÃan distribuyendo los personajes entre sus amigos. A la madre de Ernest, la señora Reginald Thorburn, por ejemplo, le iba a la perfección el papel de terrateniente. Pero todo era secreto, ese era el punto. Nadie más que ellos sabÃa de la existencia de ese mundo.