Cuentos completos
Cuentos completos —Una liebre mujer —agregó.
—¡Una liebre blanca! —exclamó Rosalind como si hubiera estado esperando esa respuesta—. ¿Más bien pequeña, gris perla, con grandes ojos brillosos?
—Sà —dijo Ernest mirándola como ella lo habÃa estado mirando a él—, un animal más bien pequeño, de ojos prominentes y dos pequeñas patas balanceándose adelante. Y sus ojos, tan grandes y brillantes, eran de veras bastante saltones.
—Ah, Lapinova —murmuró Rosalind.
—¿Asà se llama? —dijo Ernest—. ¿La verdadera Rosalind?
La miró. Se sintió muy enamorado de ella.
—SÃ, asà se llama —dijo Rosalind—, Lapinova.
Y antes de acostarse esa noche los personajes estaban caracterizados. Él era el Rey Lappin; ella la Reina Lapinova. Eran totalmente opuestos; él era audaz y decidido; ella cautelosa e insegura. Él gobernaba el ajetreado mundo de los conejos; el mundo de ella era un lugar desolado y misterioso, que ella recorrÃa principalmente de noche. De todos modos, sus territorios se tocaban; eran el Rey y la Reina.