Cuentos completos
Cuentos completos El trueno la despertó de su plétora de indiferencia, propia de la mediana edad. «Vamos, Stanley, vamos», se dijo. Este hombre no se alejará de mÃ, como todo el mundo, llevándose una idea falsa; le diré la verdad.
—Adoré Canterbury —dijo.
Él se animó enseguida. Era su don, su defecto, su destino.
—Adoró Canterbury —repitió él—. Ya veo.
Los tentáculos le enviaron el mensaje que Roderick Serle era agradable.