Cuentos completos
Cuentos completos —Canterbury hace veinte años —dijo la señorita Anning como quien cubre una luz intensa con una pantalla, o tapa un durazno radiante con una hoja verde, pues es demasiado intenso, demasiado maduro, demasiado lleno.
En ocasiones deseaba haberse casado. A menudo la frÃa tranquilidad de la vida adulta, con sus dispositivos automáticos para proteger la mente y el cuerpo de los golpes, le parecÃa, comparado con el trueno y el manzano floreciente de Canterbury, aburrida. Se imaginaba algo distinto, algo más parecido al trueno, algo más intenso. Se imaginaba alguna sensación fÃsica. Se imaginaba… Y resultaba bastante extraño, pues nunca lo habÃa visto antes; y sus sentidos, los tentáculos, que se emocionaban o permanecÃan indiferentes, ya no enviaban mensajes; estaban inmóviles ahora, como si ella y el señor Serle se conocieran a la perfección. Como si estuvieran, en verdad, tan unidos que sólo necesitaran flotar, lado a lado, por este arroyo.