Cuentos completos
Cuentos completos Como si me hubiera escuchado, levantó la vista, se acomodó en el asiento y suspiró. Parecía disculparse y, al mismo tiempo decirme: «¡Si tan sólo supieras!». Y siguió contemplando la vida. «Pero sí lo sé», respondí en silencio, ojeando el Times para disimular. «Lo sé todo. La paz entre Alemania y los Aliados fue firmada oficialmente ayer en París… Signor Nitti, el Primer Ministro italiano… Un tren de pasajeros chocó con uno de carga en Doncaster… Todos lo sabemos, el Times lo sabe, pero fingimos que no». Mis ojos se escurrieron otra vez hasta el borde del periódico. La mujer se estremeció; llevó el brazo en forma muy extraña hacia el medio de la espalda y sacudió la cabeza. Otra vez me sumergí en mi gran manantial de vida. «Toma lo que sea», continué, «nacimientos, muertes, matrimonios, comunicados reales, la vida de los pájaros, Leonardo da Vinci, el asesinato de Sandhilsl, los salarios altos y el costo de vida, lo que sea», repetí. «Todo está en el Times». Otra vez con ese infinito desgano, comenzó a mover la cabeza de lado a lado hasta que, como una tapa cansada de enroscarse, se detuvo sobre el cuello.