Cuentos completos
Cuentos completos El Times no ofrece ninguna protección contra una tristeza como la de ella. Pero los otros impedían el acercamiento. Lo mejor que se podía hacer en contra de la vida era doblar el periódico formando un cuadrado perfecto, grueso, impermeable incluso a la vida. Hecho esto, levanté la vista de golpe, armada con un escudo de mi propio ser. Ella lo atravesó y me miró a los ojos como buscando algún sedimento de coraje en lo profundo de ellos y humedecerlo hasta convertirlo en barro. El mismo movimiento brusco de su brazo negó toda esperanza, descartó cualquier ilusión.
Pasamos Surrey y cruzamos la frontera en dirección a Sussex. Pero con los ojos concentrados en la vida no vi que los otros pasajeros se habían bajado, uno a uno, hasta que, salvo por el hombre que leía, nos habíamos quedado solas. Habíamos llegado a la estación Three Bridges. El tren aminoró la marcha hasta detenerse completamente. ¿Se iría? Deseaba tanto lo uno como lo otro. Al final rogué que se quedara. En ese momento se puso de pie, abolló el periódico con desdén —como a algo que ha perdido toda utilidad—, abrió la puerta de golpe y nos dejó solas.