Cuentos completos
Cuentos completos Tiene que estar Moggridge; es culpa de la vida. La vida impone sus leyes; la vida entorpece el camino; la vida está detrás del helecho; la vida es el tirano; ¡oh, pero no es el matón! No, pues te aseguro que iré por las buenas. Iré atraída por sabe Dios qué impulso, a través de los helechos y las vinagreras, y la mesa sucia. Iré sin resistencia y me cobijaré en algún lugar de la carne firme, de la fuerte espina dorsal, donde pueda penetrar o hallar un punto de apoyo en la persona, en el alma, en Moggridge, el ser humano. La gran firmeza de la tela; la espina dorsal dura como barba de ballena, recta como un roble; las costillas abriéndose en ramas; la carne tensa como una lona; los orificios rojos; el corazón se contrae y regurgita; mientras tanto, desde arriba, la carne desciende en cubos marrones y la cerveza en chorros, para mezclarse en la sangre. Entonces llegamos a los ojos. Detrás de la aspidistra ven algo: negro, blanco, sombrío; ahora el plato otra vez. Detrás de la aspidistra ven a una anciana; «la hermana de Marsh, Hilda es más mi tipo»; ahora el mantel. «Marsh debe saber qué sucede con los Morrises…», habrá que sacar el tema; llega el queso; la bandeja otra vez; la ofrece, los dedos enormes; ahora la mujer sentada enfrente. «La hermana de Marsh, ningún parecido con Marsh; una anciana miserable… Deberías alimentar a las gallinas… Santo Dios, ¿por qué se estremece así? ¿Fue por lo que dije? ¡Querida, querida, querida!». Estas ancianas. ¡Querida, querida!”.