Cuentos completos
Cuentos completos El viento ruge por la avenida. Los árboles se balancean de un lado al otro. Los rayos de luna caen intensos sobre la lluvia. Pero la luz de la lámpara cae directo desde la ventana. La vela arde recta, inmóvil. Deambulan por la casa, abren las ventanas, susurran para no despertarnos, la pareja de fantasmas busca su contento.
«Aquí dormíamos», dijo ella. Y él agregó, «besos infinitos». «Caminar por la mañana». «El plateado entre los árboles». «Arriba». «En el jardín». «Al llegar el verano». «Durante las nevadas de invierno».
Las puertas se cierran a la distancia, despacio, como el latido de un corazón.
Se acercan; se detienen en la entrada. El viento sopla, las plateadas gotas de lluvia se deslizan por la ventana. Nuestros ojos se oscurecen; no escuchamos pasos detrás; no vemos ninguna mujer extender su manto fantasmal. Él lleva la linterna. «Mira», susurra él, «profundamente dormida. Hay amor en sus labios».
Inclinándose, cargando la lámpara plateada sobre nosotros, nos miran durante un largo rato. El viento sopla fuerte; la vela se inclina apenas. Salvajes rayos de luna cruzan el suelo y la pared y, al chocarse, iluminan los rostros inclinados; los rostros cavilosos, los rostros que buscan a los durmientes y a su felicidad escondida.