Cuentos completos
Cuentos completos Al contrario, estoy bastante segura de que, quienquiera que sea, está condenada, pues es todo una cuestión de apartamentos, y sombreros y gaviotas. O así parece ser para el centenar de personas aquí sentadas, bien vestidas, entre paredes forradas, repletas. No es que pueda yo vanagloriarme de algo: yo también estoy sentada tranquilamente en una silla de ribetes dorados, limitándome a remover la tierra para recuperar un recuerdo enterrado, como todos lo hacemos. Pues existen indicios, si no me equivoco, de que todos recordamos, andamos buscando algo furtivamente. ¿Por qué inquietarse? ¿Por qué fijarse tanto dónde colocar el abrigo, o los guantes, si desabotonarlos o no? Observa ese rostro anciano sobre el lienzo oscuro; hace un momento se veía tan cortés y sonrojado, ahora se ve triste y taciturno, como en las sombras. ¿Fue el segundo violín afinándose en la antesala? Aquí vienen; cuatro negras figuras, cargando los instrumentos. Se sientan frente a los cuadrados blancos bajo el foco de luz; apoyan la punta de los arcos en el atril; los levantan de un movimiento, y con la mirada en el músico de enfrente, el primer violín cuenta uno, dos, tres…