Cuentos completos
Cuentos completos —Pero la melodÃa, como todas sus melodÃas, es desesperante… Quiero decir… esperanzador. ¿Qué quiero decir? ¡Es la peor de las músicas! Yo quiero bailar, reÃr, comer tartas rosadas, amarillas, beber vino suave, fuerte. O escuchar alguna historia obscena, ahora me gustan mucho. Cuánto más grande se pone uno más le gusta lo obsceno. ¡Ja, ja! Me estoy riendo. ¿De qué? No has abierto la boca, tampoco el caballero de enfrente… Pero supongamos… Supongamos… ¡Shhh!
La melancolÃa del rÃo nos arrastra. Cuando la luna aparece a través de las ramas del sauce veo tu rostro, escucho tu voz y al pájaro cantar mientras pasamos la hamaca de mimbre. ¿Qué suspiras? Tristeza, tristeza. AlegrÃa, alegrÃa; entrelazados, como los juncos bajo la luna. Entrelazados, inextricablemente enredados, unidos en el dolor y amarrados en la tristeza… ¡crash!
El bote se hunde. Elevándose, las figuras ascienden, finas como una hoja, hasta transformarse en un oscuro espectro que con sus garras arranca esta doble pasión de mi corazón. Canta para mÃ, destapa mi tristeza, descongela mi compasión, inunda con amor un mundo en las sombras, y luego, no disminuye su ternura, sino que hábilmente, sutilmente, se va entretejiendo hasta que al llegar a esta forma, a esta consumación, los que están separados se unen, se elevan, sollozan, se funden en el descanso, la tristeza y la alegrÃa.