Cuentos completos

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Era fascinante ver las distintas expresiones en sus rostros. Una especie de murmullo recorrió la habitación, del que pude deducir las palabras «impura», «niño», «Castalia», entre otras. Jane, que estaba particularmente conmovida, lo dejó a nuestro criterio:

—¿Debe irse? ¿Es una mujer impura?

Tal fue el alboroto que se armó en la habitación que pudo haberse oído desde la calle.

—¡No, no, no! ¡Déjenla quedarse! ¿Impura? ¡Tonterías!

Aunque me pareció que algunas de las más jóvenes, las de diecinueve o veinte, se contuvieron de hablar, como abrumadas por la timidez. Después, todas la rodeamos y comenzamos a hacerle preguntas. Al final, una de las más jóvenes, que había permanecido en silencio, se acercó a Castalia con timidez y dijo:

—¿Qué es la castidad entonces? Quiero decir, ¿es buena, mala, o no significa nada en absoluto? Castalia respondió en voz tan baja que no pude oír lo que dijo.

—Me has dejado sin habla por al menos diez minutos —dijo otra.

—En mi opinión —dijo Poll, que se había vuelto hosca de tanto leer—, la castidad no es más que ignorancia, un estado mental totalmente vergonzoso. Sólo deberíamos admitir la no-castidad en nuestra sociedad. Voto por que Castalia sea nuestra Presidenta.


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